Actividad física e intervención psicológica.

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Los dos grandes problemas por los cuales las personas suelen buscar la ayuda de un psicólogo son la depresión y la ansiedad. Está demostrado como el incremento de la actividad física o el ejercicio físico pautado puede ayudar a revertir la sintomatología negativa de estos trastornos.

A pesar de tener la certeza de sus efectos positivos, esto solo se produce a nivel observacional. Prácticamente no existen investigaciones bien controladas donde se estudie su mecanismo de acción y donde se determine de alguna forma su eficacia. Hay estudios que explican su mecanismo de acción debido a que el ejercicio físico modula y estimula la liberación y recaptación de la serotonina (1).

Otros estudios examinan la relación entre el ejercicio físico y la reducción de la reactividad cardiovascular, aportando una recuperación cardiovascular más rápida ante estímulos estresantes, y por último, otro tipo de investigaciones han estudiado los efectos ansiolíticos del propio ejercicio físico, posicionandose como una prometedora linea de investigación (2).

Históricamente la actividad física y el ejercicio se entendían como un complemento a las terapias de enfoque médico para combatir el sobrepeso, la obesidad y alguna de sus comorbilidades.

En la década de los 70 se comenzaron a diseñar los primeros tratamientos conductuales para el tratamiento de la obesidad. Estos primeros tratamientos no tuvieron en cuenta la importancia de la modificación de patrones de actividad física de los individuos, por lo que estaban abocados al fracaso (3).

Afortunadamente cada vez hay mas progresos en este campo y está creciendo el número de profesionales muy preparados que intentan aportar algo de luz. Progresos que nos sitúan en un paradigma totalmente nuevo y muy prometedor.

Actualmente y en lo que respecta al ejercicio físico y al trabajo de un psicólogo, se entiende que las funciones que puede desempeñar el ejercicio físico en una intervención psicológica pueden darse de forma directa a modo de experiencia de activación o de afrontamiento conductual, o de forma indirecta a modo de complemento a la propia intervención psicológica enfocada a lograr ciertos objetivos para el paciente.

El objetivo de la terapia cuando entendemos la función del ejercicio físico de forma directa tiene que ver con la modificación de la conducta sedentaria. Un sedentarismo que puede estar afectando de forma negativa a ciertos aspectos fundamentales de la salud del paciente. Pero cuando nos proponemos intervenir y nos marcamos como objetivo el ejercicio físico ( bien por defecto o bien por exceso), este se convierte en nuestro foco de atención. Podemos modificar la conducta sedentaria, se puede trabajar un nivel mínimo de adhesión al tratamiento, y también se pueden trabajar ciertos síntomas de algunos trastornos que cursan con conductas de hiperactividad física ( anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, dismorfofobia o trastorno dismórfico corporal), o incluso podemos trabajar la propia vigorexia.

También podemos intervenir y trabajar con el ejercicio físico de forma indirecta, asumiendo este la condición de variable independiente. En este caso se pretende “aprovecharnos” de los efectos del incremento de la actividad física para multiplicar el efecto terapéutico de nuestra intervención. Así si nuestra intervención va encaminada a luchar contra la obesidad, el sobrepeso o los estados de ánimo alterados, la práctica regular de ejercicio físico, además de aportar numerosos beneficios para nuestro paciente, va a acercarnos más a nuestro objetivo porque es un potente activador del metabolismo de las grasas en el caso de la obesidad y el sobrepeso, es un extraordinario recurso para fortalecer el autocontrol, es un inmejorable distractor y se considera una magnifica fuente de gratificación.

Brownell en 1895 ya señalaba una serie de razones por las cuales estimaba que el ejercicio físico es un componente básico para las terapias enfocadas a la perdida de peso y que otros autores las señalan a modo de aplicación del ejercicio físico como recurso adjunto al tratamiento psicológico (Ezquerro y Buceta, 2008):

– Quema calorías

– Contrarresta los sintomas negativos de las comorbilidades en obesidad

– Consigue un aumento de la confianza para seguir una dieta

– Ayuda a controlar el apetito

– Reduce el catabolismo muscular o incluso estimula la creación de masa muscular

– Incrementa la tasa metabólica

– Correlaciona con el mantenimiento del peso perdido

En definitiva lo que se intenta conseguir a través de la intervención psicológica orientada a los tratamientos multidisciplinares para combatir el sobrepeso es fomentar el inicio o la práctica de la actividad física e integrarla en el día a día de nuestros pacientes.

Para conseguirlo es fundamental poder charlar con nuestros pacientes sobre los beneficios del ejercicio físico en general, evaluando su estilo de vida, ofreciendole alternativas de como puede mejorar o que puede cambiar de su rutina diaria, buscar reforzadores dentro de la práctica del propio ejercicio, establecer objetivos a corto, medio y largo plazo, y por último , diseñar una intervención a medida de nuestros pacientes donde poder someter a prueba los logros conseguidos por estos.

 

 

REFERENCIAS:

Ezquerro, M., Buceta, J.M. “Ejercicio físico en la intervención psicológica”. En: Francisco J. Labrador Encinas. Técnicas de modificación de conducta. 5ªed. Madrid: Pirámide, 2012. Pp 691

1.- http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20030777

2.- Asmundson, G. J. G., Fetzner, M. G., DeBoer, L. B., Powers, M. B., Otto, M. W. and Smits, J. A. J. (2013), LET’S GET PHYSICAL: A CONTEMPORARY REVIEW OF THE ANXIOLYTIC EFFECTS OF EXERCISE FOR ANXIETY AND ITS DISORDERS. Depress. Anxiety, 30: 362–373. doi: 10.1002/da.22043

3.- Saldaña, C., Rossell, R. (1988). Obesidad. Barcelona: Martinez Roca.

One thought on “Actividad física e intervención psicológica.

  1. El camino a seguir para trabajar los trastornos alimentarios son los equipos multidisciplinarios formados por piscólogos, nutricionistas, médicos… para tratar todos los frentes abiertos por estos trastornos que en la mayoría de veces son más complejos de lo que uno cree. La obesidad, la anorexia… suelen ser el efecto de “algo” que también hay que trabajar para que la persona recupere una salud completa

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