Depresión y obesidad, causa o efecto.

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Tanto la depresión como la obesidad se consideran a día de hoy dos epidemias que van en aumento.

La prevalencia de la depresión aumenta entre la población obesa. Este aumento es motivo de preocupación dado el incremento del riesgo global de enfermedades crónicas asociadas con cada uno de estos trastornos de forma independiente.

Son trastornos muy incapacitantes y a los cuales debemos enfrentarnos con mucha cautela.

Además, se estima que la depresión correlaciona con efectos negativos en el tratamiento de la obesidad.

Los datos al respecto son muy alarmantes. En 2013 se publicaron los datos de 2012 donde un 17 % de la población padecía obesidad y un 37 % sobrepeso. Tan solo 10 años atrás las cifras eran del 13 % para la obesidad y 35% para el sobrepeso. (1)

El análisis de estos datos nos invita a pensar que a pesar de que el número de personas con sobrepeso no ha variado en exceso, si ha aumentado considerablemente el porcentaje de personas con obesidad.

Los datos de la incidencia de la depresión tampoco son muy optimistas. En 2002 la tasa declarada para la población mayor de 16 años en hombres era de un 3,7 % y para las mujeres de un 9,2%. (2)

La depresión es uno de los trastornos más prevalentes y según la OMS, se convertirá en una de las tres principales causas de incapacidad de todo el mundo en el año 2030 ( Mathers & Loncar, 2006).

Según el estudio ESEMeD, la incidencia de la depresión en España se situó en el año 2006, en el 4%, siendo la prevalencia vida de un 10,5%. Estos datos son algo superiores a la tasa declarada en 2002 por la población española.(3)

Los datos que manejan las farmacéuticas con respecto a la venta de antidepresivos dispara el porcentaje de población afectada pero no los tendremos en cuenta.

En un estudio de C.Calderon, M.Forns y V.Varea del departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Facultad de Psicología de Barcelona y de la Sección de Gastroenterología pediátrica, hepatología y nutrición del Hospital Sant Juan de Dios de Barcelona, se concluye que los jóvenes con obesidad severa mostraron más problemas psicológicos que los jóvenes con sobrepeso-obesidad leve-moderada, un 12% presentaban ansiedad y un 11% depresión. (4)

En otro estudio(5) se reconocieron algunas variables vinculadas con la asociación entre depresión y obesidad:

  • La imagen corporal
  • El nivel socioeconómico
  • La gravedad de la obesidad
  • Los factores psicológicos
  • La salud física
  • La efectividad interpersonal
  • La alimentación compulsiva
  • La experiencia de estigmatización

No obstante se presume que la depresión puede inducir obesidad por medio de vías directas (fisiológicas) e indirectas (psicosociales), con la participación de constructos como: (6)

  • Estrés
  • Disfunción inmunitaria
  • Eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal
  • Cognición negativa
  • Desregulación de la alimentación y del cumplimiento terapéutico inapropiado.

No está claro aún cual de los trastornos es precursor y cual es la consecuencia.

Se debe de insistir en una buena evaluación psicológica para poder definir una correcta intervención terapéutica. En este sentido la terapia cognitivo-conductual se ha mostrado como la estrategia de mejor pronóstico para el tratamiento de la depresión (7).

En un estudio de Mª Loreto Tárraga Marcos, Nuria Rosich, Josefa María Panisello Royo, Aránzazu Gálvez Casas, Juan P. Serrano Selva, José Antonio Rodríguez-Montes, Pedro J. Tárraga López se evaluó la eficacia de las estrategias de motivación en el tratamiento del sobrepeso y la obesidad, donde los resultados fueron los siguientes: Se evaluaron 696 pacientes; 377 grupo control y 319 del de estudio. En ambos grupos el peso descendía en cada una de las visitas. La reducción porcentual media del peso se situó en el 1% para el grupo control y del 2,5% en el grupo intervención (p-valor = 0,009). El 55,8% de los pacientes redujeron el peso en el grupo control y el 65,5% del grupo de estudio (p-valor = 0,0391). El 18,1% de los paciente del grupo control redujeron más del 5% del peso, en el grupo intervención este porcentaje aumentó hasta el 26.9% (8)

 

CONCLUSIÓN: Dada la complejidad de las variables que relacionan los trastornos depresivos con la prevalencia de la obesidad, hay que apostar por equipos multidisciplinares que trabajen en la misma dirección.

Un paciente obeso con síntomas depresivos tendría más posibilidades de afrontar con éxito un tratamiento para reducir su peso si combina su tratamiento con una terapia dirigida por un psicólogo especialista para tratar la depresión.

En otros casos, un paciente depresivo experimentaría una mejor adhesión al tratamiento psicológico si combinara su terapia con un tratamiento dirigido a la perdida de peso.

 

 

REFERENCIAS:

1.- http://www.msssi.gob.es/estadEstudios/estadisticas/encuestaNacional/encuestaNac2011/NotaTecnica2011-12.pdf

2.- https://www.msssi.gob.es/estadEstudios/estadisticas/inforRecopilaciones/atlas/atlasDatos.htm

3.- http://public-files.prbb.org/publicacions/17be6670-58a8-012a-a767-000c293b26d5.pdf

4.- http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112010000400017

5.- http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23809142

6.- http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=83485

7.-http://www.infocop.es/view_article.asp?id=3854

8.- http://www.aulamedica.es/gdcr/index.php/nh/article/view/7704

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