Distorsiones cognitivas III

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Hoy quiero retomar la sección de Distorsiones Cognitivas.

Como ya he apuntado con anterioridad, las distorsiones cognitivas son deformaciones que hacemos en algún momento dado de la realidad para adecuarla a nuestros supuestos o nuestras creencias.

Con estos filtros que utilizamos en mayor o menor medida pretendemos reducir o eliminar la disonancia cognitiva que se produce cuando percibimos algo que no termina de encajar en nuestro sistema de creencias o esquemas mentales del funcionamiento del mundo. Estos esquemas o creencias se forman muy pronto y son muy rígidos y difíciles de modificar, por lo tanto, son muy resistentes al cambio.

Los filtros distorsionadores dejarían pasar solo una parte de la información para hacerla congruente con nuestras creencias y reducir o eliminar la disonancia cognitiva que produce un hecho, suceso o acontecimiento que difiere de nuestros esquemas mentales rígidos. Neisser decía que los esquemas son los responsables de los mecanismos que guían la atención selectiva y la percepción.

Hoy quiero hablar de la sobregeneralización.

Utilizamos este filtro cuando sacamos una conclusión global a partir de una pequeña muestra y las expresamos a veces  en forma de afirmaciones absolutas o leyes inmutables. Por ejemplo si se experimenta una sensación desagradable en una situación dada, ¿significa eso que siempre que se dé una situación similar experimentaremos la misma sensación desagradable?

Alguien que cocinando su primer estofado este no le sale bien del todo, ¿significa que nunca podrá cocinar nunca más un estofado?. El hecho de escaparse un punto haciendo ganchillo, ¿significa que nunca aprenderé a hacer ganchillo?. Si al dar los buenos días no recibo otro saludo recíproco, ¿significa que soy una persona antipática y por eso no me saludan?

Esta distorsión nos conduce cada a una vida cada vez más limitada y es bastante utilizada. Se sobregeneraliza cuando decimos que nadie nos querrá, que nunca seré capaz de conseguir nada, que nunca volveré a confiar en nadie, que siempre que intento algo, esto me sale mal, que siempre me tengo que conformar con lo que tengo,….

Llegamos a la conclusión final y dogmática solamente teniendo en cuenta una pequeña parte de la información, obviando e ignorando el resto de la información que nos puede aportar una evidencia en contra de nuestros esquemas ( porque entonces se produciría la molesta disonancia cognitiva).

Trasladando esta distorsión a las personas que se están sometiendo a un programa de perdida de peso, las personas usarían este filtro cuando se machacan diciéndose a si mismos que por haberse saltado las recomendaciones un día no van a ser capaces nunca de conseguir sus objetivos. Que cómo nunca han conseguido mantener el peso perdido, no lo van a conseguir nunca. Que ningún programa o dieta conocido ha conseguido hacerle perder el peso deseado.

Estamos sobregeneralizando cuando pensamos en términos absolutos y empleamos las expresiones siguientes: Todo, siempre, nunca, ninguno, todos y nadie.

Por lo tanto siempre que nos percatemos de que nuestros pensamientos o autofrases contienen esta estructura, deberíamos flexibilizar esa rigidez y expresarlos en términos que permitan cierta plasticidad. Hablar en términos probabilísticos nos puede ayudar bastante, usando palabras tales como a veces, es posible que, a menudo, frecuentemente, ocasionalmente.

Puedes seguir leyendo sobre las distorsiones cognitivas aquí:

Distorsiones cognitivas I 

Distorsiones cognitivas II

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