La tiranía del optimismo ( la felicidad perseguida)

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Felicidad. Google arroja 57.900.000 resultados para esa palabra.

No hay duda que se ha confirmado como el motor que mueve nuestras vidas.

La felicidad, o mejor dicho, la búsqueda de la felicidad nos planifica nuestro día a día, nos levanta de la cama, hace que nos acostemos deseando que, a veces, llegue de nuevo otro día en el que se seguir probando suerte, hace que nos relacionemos con otras personas de forma a veces un tanto superficial,….

Es como si la búsqueda de el Santo Grial diese algún sentido a nuestra existencia.

Pero, ¿ que significa ser feliz? O mejor dicho, ¿ qué creen las personas que ocurrirá cuando se obtenga la absoluta felicidad?.

Tengo que decir aquí, antes de continuar que las personas que en estos momentos estén intentando responder a las preguntas anteriores, ni son felices ni la conseguirán nunca, muy probablemente.

Y a las personas que por el contrario no tengan la necesidad de responder a esas preguntas, mi más sincera enhorabuena porque si no son felices ya, están muy cerca de serlo.

Pero ¿ por qué tenemos la constante necesidad de ser felices hasta el punto que si consideramos no serlo, nos sentimos jodidamente frustrados?

No cabe duda que la percepción de felicidad nos aporta innumerables beneficios. Existen muchos estudios que prueban la relación existente entre la felicidad percibida y la menor prevalencia de enfermedades, o la relación entre felicidad percibida y cantidad y calidad de relaciones sociales.

La presión social aquí tiene mucho que ver. Nos dibujan un horizonte idílico en el cual fijar nuestro punto de mira para ir en busca del Santo grial. La televisión, los anuncios en las revistas, anuncios en radio, nadie quiere personas tristes. Se vende la felicidad como mercancía. Si la tienes, perteneces al selecto grupo de felices en la tierra y podrás ser envidiado por el resto que no la posee. Si no la tienes, no se que estás haciendo perdiendo el tiempo y no te pones a consumir todos estos productos que vendemos ( o mejor dicho, que anunciamos, porque quien realmente vende son las marcas, que pagan a los medios para publicitarse) para conseguirla.

Huelga decir que acabo de llamar a la puerta de una explicación circular que mantiene este consumismo feroz y que el mundo de la publicidad dio buena cuenta hace tiempo.

Nos venden la felicidad, el optimismo, la satisfacción personal como metas que obtener. Para ello nos venden los “instrumentos” para conseguirlo. Como no lo conseguimos nos frustramos más pero “ellos” nos venden la solución: obtener mas instrumentos para volver a intentarlo. Y así tenemos que a mayor frustración por no ser felices, más consumimos.

Esta es una manera de mantener la sociedad de consumo muy americana. Como la corriente dentro de la psicología que pretende dar validez a este constructo.

Dentro de la psicología hay una tendencia cada vez mas emergente que basa sus preceptos en esta tiranía del optimismo. Para la psicología positiva la persecución de la felicidad es su objetivo central. Todo vale para conseguir la felicidad a través de un falso optimismo.

Pero ¿ qué ocurre cuando comprobamos que la felicidad no es igual para todos?. La sociedad americana es extremadamente individualista en contraposición de las culturas orientales. Para un norteamericano el poseer una buena casa, un buen trabajo y un buen coche puede significar la diferencia entre ser feliz o ser un desdichado. Muchos pudieran pensar aquí que para ellos también el hecho de poseer una buena casa en propiedad, un buen trabajo o un buen coche sería sinónimo de ser feliz. Yo solo espero que la gente no espere a tener un buen coche, una buena casa o un buen trabajo para ser feliz.

Perseguimos el éxito pero nadie nos lo puede garantizar. Esa es la realidad. Solo nuestro propio autoconocimiento puede guiarnos. Conociendo nuestros limites podremos hacer algo para mejorar. Nadie tiene las mismas capacidades ni cualidades que el resto de personas con las que nos queremos comparar. Nuestras diferencias son superiores a nuestras semejanzas. Pero nos intentan vender el éxito como objetivo final o meta y no como proceso.

El éxito como meta es totalmente incomparable con el éxito real.

4 thoughts on “La tiranía del optimismo ( la felicidad perseguida)

  1. Cuánta razón tienes, amigo Alfonso… Cuanta gente habrá sufriendo por no lograr metas, ideales y objetivos que jamás se han parado a elegir o decidir. Parece que se actúa por inercia. El precio lo estamos pagando caro, tanto como sociedad como a nivel de individuos.
    Saludos

    1. Hola Aitor, que alegría leerte por aquí.
      Pues así es, como decía esta mañana en TW, se nos educa en la meta no en el proceso, y ahí, el fracaso forma parte del camino. Pero si solo tenemos en perspectiva la felicidad, el optimismo con el que nos tenemos que mover por la vida, no cabe duda que eso nos reportará más problemas que beneficios.

      Un fuerte abrazo Aitor!!!!!!

  2. Una tendencia muy americanizada la de enfocarse sobre el objetivo… permitiendo crear un mundo de atribuciones y etiquetas con las que identificar al que llega y al que no.
    Y muy americana también la idea de que las cosas pueden ser rápidas, sin esfuerzo y sin implicación… desde luego tenemos mucho que cambiar en general y ese cambio viene dado por el que cada uno de nosotros debe poner en juego.
    Me alegro de saber que estás a tope.

    Un abrazo

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